«Me encanta compartir esta historia. Hace ocho años, fui al hospital para someterme a una operación rutinaria. Tenía que ingresar a las 8 de la mañana y salir a las 5 de la tarde. No podía imaginar que aquel día cambiaría mi vida para siempre. De hecho, cambió mi destino. Durante la operación, se me colapsó un pulmón y se me paró el corazón. Estuve en parada cardíaca durante más de ocho minutos. Estaba muerta.Pero Dios... Él sabía que ese no era mi final. Tras ser reanimada, estuve conectada a un respirador artificial durante un día y medio antes de poder funcionar por mí misma. Normalmente, cuando estás en parada cardíaca durante tanto tiempo, acabas en estado vegetativo o algo peor. Y, como puedes ver, ¡yo no estoy en ninguno de los dos! El personal del hospital se me acercaba y me decía: “Eres todo un milagro”. ¡Todo fue obra de Dios! Y a través de esa situación, llegué a apreciar de verdad quién es Dios en mi vida y cómo es la verdadera obediencia a Su Palabra. Él había dicho que me sanaría hace ocho años, pero yo intenté resolverlo por mi cuenta sometiéndome a la cirugía. Las cosas realmente se complicaron, pero por Su gracia, Él me salvó y me dio un testimonio increíble de Su poder».