La decisión de bautizarse en agua es una expresión pública y externa de tu decisión interior de seguir a Jesús. El bautismo en agua no afecta a tu salvación; más bien, el acto físico de sumergirte en el agua muestra simbólicamente tu participación en la muerte, el entierro y la resurrección de Jesús. Cuando te sumerges en el agua, estás muriendo a tu antigua vida pecaminosa y dejándola atrás. Cuando sales del agua, ¡estás entrando en la vida nueva que Cristo tiene para ti! (Romanos 3:23; 6:23; 10:13)