«Mi hijo Ryder lleva luchando contra las convulsiones diarias desde que tenía ocho meses. En enero de 2018, justo antes de que Ryder cumpliera siete años, asistí a un retiro para mujeres y el Espíritu Santo me dijo que Ryder estaba en su séptima vuelta —¡que llevábamos seis años avanzando y que los muros iban a caer igual que los de Jericó! Confiamos en Dios, rezamos durante todo el año y nos aferramos a Su promesa. Durante el siguiente mes de enero, le dije que era el final de su séptima vuelta. Por aquella época, asistimos a una Noche de Adoración para Niños con Necesidades Especiales en el Campus de Frisco, donde oramos por su sanación. Poco después, su profesora y sus ayudantes empezaron a notar un cambio, y nuestra familia también. Ryder empezó a usar todos los muebles de la casa para impulsarse y ponerse de pie, y la gravedad de sus convulsiones disminuyó. El día de San Valentín, la profesora de Ryder me envió por mensaje dos vídeos de él caminando. ¡Caminando... por sí mismo! Mostró los vídeos al personal de su escuela primaria, y la gente se emocionó hasta las lágrimas y empezó a vitorear. Yo me quedé sentada en mi coche y lloré a lágrima viva mientras veía esos vídeos milagrosos de nuestro niño dando 12 y luego 20 pasos ¡por sí mismo! Ryder cumplió ocho años solo dos días después de su milagro. Dios me dijo en el retiro que Ryder caminaría antes de cumplir los ocho años, y así fue. El día del cumpleaños de Ryder, mi hijo Graham sacó su trombón y lo tocó a todo volumen para anunciar que los muros se derrumbaban. Ryder ha seguido teniendo convulsiones desde su milagro, pero sé lo que Dios me dijo y que Él lo hará. No sé cómo, pero se me ha recordado de una manera inolvidable que Él es fiel a Su palabra».
La familia Engelmeyer asiste al campus de Frisco.