Ahora bien, a aquel que es capaz de hacer infinitamente más de lo que pedimos o imaginamos, según el poder que actúa en nosotros, ¡a él sea la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén. –Efesios 3:20–21
Obediencia radical
Si pasas un rato con Bruce y Mary Calderón —aunque solo sean unos minutos—, es posible que recibas una palabra profética, una oración o, simplemente, unas palabras de ánimo de cualquiera de los dos. Esto se debe a que no ven el ministerio como algo que solo hacen los pastores los fines de semana, sino como una acción cotidiana, y eso implica decir decirle a Dios con mucha confianza.
«No crecí con mi padre», recuerda Bruce. «Crecí en una zona plagada de bandas y había empezado a meterme en líos en la calle, pero Dios me sacó de ahí. Cuando pienso en aquello de lo que Él me salvó —en lo que podría haber sido—, me quedo sin palabras. ¿Cómo no iba a servir allí donde el Señor me pone?»
Una oportunidad para confiar en Él
Hace varios años, Dios les brindó a Bruce y Mary una oportunidad única para confiar en Él.
Acababan de mudarse a una nueva casa en Fort Worth. La mudanza en sí no les llevó mucho tiempo, ya que solo tenían unos pocos muebles: habían sentido la necesidad de regalar el resto. «Solo teníamos un pequeño sofá de dos plazas, un televisor y dos taburetes en la isla de la cocina», dice Bruce. «Y teníamos nuestra cama y nuestra ropa». Podrían haber salido a comprar la decoración que querían para su casa, pero su decisión de esperar fue intencionada. De hecho, fue un acto de confianza radical que comenzó cuando acogieron a un pastor y a su esposa de Guatemala.
«La esposa del pastor nos dio una palabra profética sobre nuestro hogar», cuenta Bruce. «Dios nos pedía que no nos preocupáramos por la decoración de la casa. Si teníamos una fe sobrenatural, Dios nos proporcionaría los muebles y el ambiente que deseábamos para toda la casa». Así que Bruce y Mary empezaron a confiar en que Dios les proporcionaría todas las comodidades del hogar.
Esperaron mucho tiempo —pasaron dos años enteros—, pero siguieron rezando. Entonces, un día, ocurrió algo. «Unos amigos nos dijeron que querían ayudarnos», cuenta Bruce. Esperaban recibir solo unos pocos muebles, pero se encontraron con algo completamente diferente. Los amigos pagaron a una empresa para que decorara y amueblara toda la casa de Bruce y Mary con muebles nuevos. «Fue increíble, me quedé alucinado: el Señor no se había olvidado de nosotros. ¡Ahora tenemos una casa decorada de una forma que nunca hubiéramos podido conseguir en toda nuestra vida!».
Más allá de nuestra zona de confort
Confiar en Dios para todo —incluso para cosas como amueblar una casa— requiere valor, y cuando lo hacemos, Él suele utilizar nuestra obediencia para nuestro propio bien y los demás.
Es posible que Dios nos pida que hagamos cosas que nos saquen de nuestra zona de confort o que, a simple vista, no parezcan tener ningún sentido. La buena noticia es que Él nunca nos pide que confiemos en Él sin motivo. El Señor tiene un plan para mejorar el mundo que nos rodea y acercar a las personas a Él, y quiere utilizarnos a nosotros para hacerlo. «Reconocemos que somos un instrumento», dice Mary. «Estamos aquí simplemente para servir a las personas y hablarles, porque sabemos que eso puede cambiar su forma de pensar, de sentir y de verse a sí mismas y a Dios».
¡La obediencia que se apoya en Dios trae un cambio en el reino, sea cual sea la situación! ¿Depositarás hoy tu confianza total en Él?
¿Qué significa esto para mí?
¿En qué aspecto de tu vida sientes la necesidad de confiar en Dios? ¿Cómo sería una confianza radical en Dios? ¿Se trata de tus finanzas, de tus peticiones de oración, de tus seres queridos o de algo más? Piensa en alguna ocasión en la que confiaste en Él y Él cumplió sus promesas: ¿mereció la pena? Tómate un momento para preguntarle a Dios qué te te está pidiendo que hagas, y recuerda que Él está contigo!
Este artículo forma parte de la serie Let’s Go , que se centra en cumplir la Gran Comisión de Jesús. Sigue el devocional aquí.