Cerrando el círculo
Cerrando el círculo

Cerrando el círculo

Kerri Hupp nunca imaginó la devastación que viviría quince años después de dar el «sí, quiero».

Esta madre de 42 años luchó con todas sus fuerzas por salvar su matrimonio, que se tambaleaba, pero fue en vano. Su marido quería separarse y nada podía impedir que se marchara. Lo que más le dolía era que su pequeño hijo adoptivo, Deacon, corría ahora el riesgo de perder la única estabilidad que había conocido. Deacon había estado en acogida desde que tenía cinco meses y fue entregado a Kerri y a su marido cuando tenía casi dos años. 

La dura temporada que atravesaba Kerri se agravó cuando Deacon, que ahora tiene 7 años, empezó a comportarse de forma diferente en el colegio. Tenía ataques de ira —lanzaba pupitres, golpeaba a otras personas— que obligaban a evacuar las aulas. Kerri recibía llamadas frecuentes en el trabajo desde el colegio para informarle de numerosos incidentes en los que se veía involucrado su hijo.

«El comportamiento de mi hijo se agravó hasta tal punto que llegamos a hablar con el director sobre la posibilidad de enviar a un niño de siete años a una escuela alternativa», cuenta. «Por desgracia, mi marido se marchó dos semanas después de que empezara el jardín de infancia y el divorcio se hizo efectivo un día antes de que comenzara el primer curso. Así que este niño no ha pasado ni un solo curso escolar sin cambios drásticos y desagradables en su vida. No sabe por qué se siente como se siente».

Kerri también apenas lograba salir adelante en su puesto de marketing en la sede central de Mary Kay en Dallas. Llevaba 12 años trabajando en el gigante de los cosméticos, donde había empezado como compradora y posteriormente había pasado a desempeñar funciones de marketing y gestión de productos. Le había contado a su superior el impacto que le había supuesto la marcha de su marido y, como consecuencia, cada vez le resultaba más difícil mantener la motivación en el trabajo. En ese momento, estaba en modo de supervivencia, y si no la despedían antes de que acabara el año, lo consideraría un éxito.

Una noche, Kerri accedió a acompañar a una amiga a un servicio religioso en el campus de Gateway Dallas, lo cual resultó surrealista y un poco doloroso: aquel campus había sido anteriormente la sede de la iglesia Hillcrest, donde se había casado con su marido. El gigantesco edificio de ladrillo había simbolizado en su día un hermoso comienzo. Ahora le recordaba el devastador giro que había dado su vida.

Kerri no sabía qué esperar cuando decidió asistir al servicio de Gateway aquella tarde. ¿Cómo se sentiría al volver a cruzar aquellas puertas, a solo unos pasos de la capilla donde había pronunciado sus votos matrimoniales? Se preparó para lo peor mientras sentía el peso de cada paso al atravesar el aparcamiento de la iglesia. Al entrar en el vestíbulo, una conversación le distrajo enseguida. Y cuando entró en la sala donde se celebraba el servicio, Kerri apenas podía creer lo que sentía.

«Me sentí abrumada por la presencia y la paz del Señor», dice, «y por sus palabras: “Tu vida ha dado un giro completo. Este va a ser tu hogar”».

Durante todo el servicio, Kerri intentó en algunos momentos hacer caso omiso de lo que oía, pero Dios le estaba confirmando cuáles debían ser sus próximos pasos. «Estaba fuera de mí durante el momento de adoración», cuenta. «Cuando me fui, sabía que volvería».

Dios ya le había estado indicando a Kerri que era hora de dejar la iglesia de Uptown Dallas a la que había pertenecido durante 14 años junto con su marido. Allí contaba con un liderazgo espiritual sólido y una comunidad que la había ayudado a sobrellevar los problemas de infertilidad, el proceso de adopción y los turbulentos años de crisis matrimonial. Cuando Dios le dijo que era hora de dejar su sistema de apoyo de confianza, a ella no le hacía sentido y resultaba igualmente desconcertante para sus pastores y amigos. Sabían que todavía estaba sufriendo y era vulnerable, y querían asegurarse de que estuviera tomando la decisión correcta. Pero el cambio no era algo que Kerri quisiera hacer: estaba segura de que había escuchado a Dios, así que era algo que tenía que hacer.

Algún tiempo después, una amiga de Kerri le reenvió información sobre el seminario «ID» de Gateway, un programa diseñado para ayudarte a descubrir tu identidad, tu propósito y tu vocación. Era justo lo que Kerri necesitaba. Durante más de una década, su identidad se había reducido a ser la esposa de su marido, y eso le habían arrebatado. Ahora podía descubrir su verdadera identidad y cuál era el plan de Dios para ella en medio de todo ese caos.

Kerri se reunió con un coach de desarrollo personal en el seminario y trabajó con materiales y preguntas profundas que le ayudaron a descubrir su vocación: el ministerio dedicado al acogimiento familiar y la adopción. Desde que era niña había sentido una gran preocupación por los niños maltratados, y el proceso que llevó a cabo en el seminario le ayudó a reavivar ese sentimiento. Además, años atrás había vivido algunas frustraciones durante el proceso de adopción de Deacon y deseaba que la iglesia ofreciera más apoyo a las familias adoptivas.

Su camino estaba tomando un nuevo rumbo y ella estaba lista para seguir adelante. Pero las oportunidades para conectar con su nueva vocación no surgieron de inmediato. A veces se sentía como si estuviera atrapada en el descanso, ansiosa por comenzar el siguiente cuarto de una final que estaba destinada a ganar. Kerri le contó sus frustraciones a una compañera de Mary Kay, quien a su vez le comentó que había asistido a una reunión informativa sobre la adopción organizada por Chosen Ones en el campus de Gateway Southlake. Chosen Ones, fundada por Randy y Vickie Akins, pone en contacto a familias interesadas con agencias de acogida y adopción, y les brinda apoyo esencial a lo largo de su proceso de adopción. Kerri se puso inmediatamente en contacto con Vickie y le preguntó cómo podía ayudar. Kerri aún era nueva en el campus de Dallas, pero parecía la oportunidad perfecta para servir a las familias de allí y seguir su vocación. ¡Resultó que Vickie estaba buscando una nueva coordinadora de voluntarios para el campus de Dallas!

«Llevaba tiempo rezando para que Dios enviara a alguien con vocación por los niños en acogida y la adopción, que estuviera dispuesto a actuar como enlace entre Chosen Ones y Gateway en ese campus» , cuenta Vickie. «Supe que era ella casi al instante porque conectamos de verdad, y además había adoptado tras pasar por el sistema de acogida, lo cual fue fundamental».

Cuando las piezas empezaban a encajar, el impulso de Kerri se vio interrumpido al tener que ausentarse del trabajo durante seis semanas para someterse a una operación. Pero ese tiempo de descanso resultaría estar orquestado por Dios. Durante su baja médica, Dios le dijo: «Quiero que escribas tu historia». Kerri sabía que su historia incluía el divorcio y la adopción, pero ¿qué le estaba pidiendo Dios realmente? Él le indicó que simplemente empezara a escribir y que Él le diría qué hacer a continuación. Dos días después, Kerri había escrito diez páginas llenas de emoción pura y revelaciones agridulces. Aún no sabía qué sería de sus escritos, pero en realidad no importaba. Este fue el primer momento en el que tuvo que reflexionar de verdad sobre la bondad de Dios en medio de su dolor y sobre cómo Él la estaba guiando divinamente hacia su destino a pesar de todo lo que había soportado. Se dio cuenta de que Dios había utilizado su infertilidad para introducirla en la adopción, y que también estaba trabajando con los pedazos rotos de su matrimonio fallido. Fue capaz de perdonar, experimentar la sanación y seguir adelante con una fe renovada.

El 16 de agosto de 2018 se cumplió un año del divorcio de Kerri. Ese mismo día tuvo lugar el primer evento de «Chosen Ones» en el campus de Dallas, del que Kerri era coordinadora.

«Estaba dedicando un rato a la oración antes del evento y Dios me mostró una vez más todo lo que ha hecho», dice entre lágrimas. «Y lo que me ha dicho es: “Soy un Dios de la reparación, no solo de la restauración”. Ha transformado tanto dolor en tanta belleza».

Kerri recuerda el hermoso momento en que le puso a su hijo adoptivo el nombre de Deacon. Llevaba años guardando ese nombre en su corazón, incluso antes de conocerlo, y le quedaba como un guante. Un día lo encontró mirando fijamente su foto y repitiéndose a sí mismo «Soy Deacon», mientras se acariciaba suavemente el pecho, como para grabar el nombre en su corazón.

Dios ha llevado a Kerri a cerrar el círculo, sacándola de un lugar de dolor, confusión y tristeza para conducirla hacia su destino de sanación, propósito y esperanza. Al igual que Deacon, ella puede afirmar con seguridad: «Esta soy yo. Para esto fui creada».